barroco, cristobal, villalpando, nueva espaņa El arte al servicio del dogma

El arte al servicio del dogma

 

 

El arte como medio de propaganda

 

Sin duda alguna,  el arte de la época expresa la lucha que la iglesia Católica mantuvo frente al protestantismo en sus variadas facetas. Hemos de pensar en la consternación que produjo en los espíritus de los católicos meridionales la relación de las destrucciones de los protestantes al norte de Europa. Mâle ha recordado la angustia del papa Clemente VII, cuando encerrado en Sant´Angelo vio el saqueo de Roma por parte de los luteranos que militaban en el ejército imperial; esta angustia de los espíritus más sensibles de la época la refleja Miguel Ángel en la tumba de los Médicis.
Tras el Concilio de Trento, la iglesia hubo de emprender con ayuda de las órdenes religiosas la recuperación espiritual de Europa, lo que explica que se escribieran entonces una serie de libros de carácter combativo: así fueron las obras de Canisio, Belarmino o Bossuet, que parecen haber ido a lado de los ejércitos en sus campañas político-religiosas. Aun cuando los libros sean de teología, hay que tener en cuenta que ésta se escribe en un momento de controversia que se extiende a lo largo de los siglos XVI y XVII.
El arte se contagia del espíritu religioso de la época, y el arte contrarreformista tendrá como nota el amor a lo recargado y fastuoso, como nota característica frente a la severidad y desnudez de la Reforma. La riqueza decorativa no fue una perversión del gusto, más bien obedece a una idea de la lucha. La Reforma había desatado una campaña iconoclasta contra imágenes muy queridas de los católicos, y será ahora cuando se escriban libros  a favor de las imágenes veneradas como el Atlas Marianus del jesuita Gumppenberg, la Histoire universelle des images miraculeuses de la Mère de Dieu del canónigo Astolfi, o Aragón, Reyno de Christo y dote de María Santísima, por citar una obra española que tardíamente participa del mismo espíritu.
Mâle recuerda el ejemplo concreto de la Capilla Paulina de la iglesia de Santa María la Mayor de Roma, que Paulo V decoró dignamente en 1611 con temas sobre la lucha latente contra el protestantismo: la muerte de los emperadores iconoclastas Constantino Coprónimo y León el Armenio, de las cuales la del segundo fue revelada en sueños a su madre por la Virgen, que auxilia a los que la honran. A la Reforma contestó la Iglesia multiplicando las imágenes.

El concilio de trento

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